La cabeza de Carmen Aristegui a cambio de una concesión

La verdadera causa del despido de Aristegui

La cabeza de Carmen Aristegui a cambio de una concesión

Hoy, como todas las mañanas prendí la televisión en el canal del noticiero de Carmen Aristegui aún cuando ya estaba enterada de su salida, sólo para constatarla. No alcanzaron los miles de firmas en Internet, los tuits y las expresiones de solidaridad para evitar que Joaquín Vargas  despidiera a la conductora de la primera edición de Noticias MVS. Ni tampoco sirvió el respaldo de colegas como Pedro Ferriz, su ex jefe en Imagen Radio que hace un par de días tuvo a bien  señalar a Aristegui como “la mejor comunicadora que tenemos en México”. O de Carlos Loret de Mola, a quien muchos de los seguidores de Carmen Aristegui ven como enemigo, pero que sin embargo tuiteó: “Sería una vergüenza que despidieran a @AristeguiOnline de MVS o a los que firmaron el reportaje de la Casa Blanca. Espero no sea cierto”. Pues lo fue.
Todo apunta a que lo de Mexico Leaks fue eso, un pretexto. Sólo que muy desafortunado porque esta plataforma digital de encriptación debiera ser muy atractiva para cualquier interesado en hacer uso de la libertad de información. Por ello es que la adhesión a esta herramienta de la libertad periodística enaltece a Aristegui y MVS queda en entredicho por no haber aprovechado inmediatamente la oportunidad que Mexico Leaks le está ofreciendo al periodismo de investigación. Lo peor es que el despido de Carmen Aristegui se da cuando en la mente de todos está presente que su unidad de investigaciones destapó el escándalo de la Casa Blanca de la Primera Dama, comprada con un préstamo rebajado a un amigo y contratista del Presidente y que también investigaba hasta el día de ayer otra casa del Secretario de Hacienda, Luis Videgaray.

Fox, Calderón y Peña desafiados

Pero no es la primera vez que la periodista lanza un desafío frontal contra un presidente de la república. Lo hizo con Fox y también con Felipe Calderón cuando lo retó a probar que no era dipsómano. Ahora sus investigaciones incriminan a Peña Nieto, al Ejército por Tlatlaya y a su Secretario de Hacienda. Se ha visto como obvio que la actitud desafiante de Carmen le resultaba muy inconveniente a los dueños de MVS que compiten por el favor gubernamental al lado de otros aspirantes, menos conflictuados con el Presidente. Además en esta ocasión, Joaquín Vargas está presionado porque el pasado 7 de noviembre el IFT negó la prórroga a su concesión de televisión restringida por lo que se puede pensar que le urgía deshacerse de Aristegui para no incomodar a sus compromisos. Pero el IFT encargado de otorgar las concesiones de radio y TV es hoy autónomo. Desafortunadamente no basta con que el IFT sea autónomo, porque en la cultura política todavía subsiste la inercia del presidencialismo corporativista que sigue vivo como régimen político. A pesar de que con la reforma a la Ley de Telecomunicaciones, se supone que no hay injerencia del Ejecutivo, los compromisos y alianzas de los empresarios de la comunicación escapan al control del IFT, por lo que subsiste el problema para los periodistas que desean libertad total. Carmen declaró en su último programa que ésta es una batalla por la libertad de los periodistas y de la sociedad. Tiene razón, pero para ganarla no basta con reinstalarla a ella, ni a su equipo, porque hay que comprender que en la percepción de los dueños tampoco es aceptable entregarle a su colaboradora el control de su empresa. Otra manera de lograr libertad total es que Carmen funde su propio medio de comunicación y con ello abra una nueva brecha rumbo a la consolidación de nuestra atribulada democracia.
Carmen Aristegui es una periodista muy dedicada y crítica aguda. A diferencia de lo que sucedió el siglo pasado, en el México de hoy tenemos periodismo no sólo independiente, sino hasta de militancia antigubernamental o antisistémica. Algunos advierten que este estilo se instala en la parcialidad. Pero yo creo que la democracia tiene un arma secreta contra la parcialidad: que quien dice lo que quiere está expuesto a que alguien le conteste. Y ello es bueno porque el juicio de los ciudadanos se nutre del debate.

 La sociedad debe decidir, no el gobierno.

Más vale ser tolerantes que intolerantes con los periodistas que incurren en parcialidad porque ella va implícita en el pluralismo natural de la sociedad. Es más, la libertad periodística, es indispensable para generar la competencia argumentativa que informa las decisiones en la democracia. Creo que ademas cierta parcialidad es inevitable porque los periodistas son humanos y como tales subjetivos.  Finalmente la objetividad nace del debate, de la contrastación de las opiniones controvertidas. Por lo que toca al público y no al gobierno, decidir cuándo un medio o un periodista ha perdido credibilidad. Por ello, aún cuando no estoy de acuerdo con todas sus filias y fobias, sostengo como propia la causa de Carmen Aristegui y de su equipo de periodistas independientes porque ellos representan hoy la lucha por la libertad no sólo de los periodistas, sino de la sociedad. El gobierno debe garantizar el ejercicio de la libertad periodística y de información. La democracia es el régimen de la libertad, por lo que le está prohibido al gobierno limitar la de los periodistas pues de ella depende la libertad de información para la sociedad. Si son veraces o no, no está en el gobierno la potestad de juzgarlos, sino en la sociedad. Ello, además de que ninguna democracia está para desperdiciar periodistas de la calidad de Aristegui, aún en el extremo de que no puedan o no quieran ser suficientemente objetivos o imparciales. Todas las sociedades son plurales. La democracia se distingue por expresar esa pluralidad, por lo que es muy saludable que en México haya periodistas con enfoques diversos y mejor que eso independientes y controvertidos. Ojalá otro medio contrate pronto a Carmen Aristegui, pero lo mejor sería que ella funde su propia empresa.

Noticias Playa del Carmen

Acerca de Rosa Maria de la Peña

Doctora en Derecho por la UNAM. Profesora de Filosofía del Derecho, fundadora de las Cátedras de Ética Jurídica y Ética y Derechos Humanos en la Facultad de Derecho de la UNAM. Autora de libros de apoyo académico. Obras publicadas por UNAM, Porrúa Hnos, Gernika y otras editoriales. Ganadora del 1er lugar del III Premio de Ensayo en Filosofía Política convocado por la Revista Perfiles Liberales y Fundación Friedrich Naumann.

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