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Naia de Tulum es el eslabón perdido de América

Por Rosa María de la Peña

Hallazgo en Tulum resuelve el misterio del linaje americano.

La información en torno al descubrimiento de Naia es poco conocida y ha caído a cuenta gotas aún cuando es uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de los últimos tiempos. Sobresale el hecho de que Naia es hasta el momento el esqueleto más completo y más antiguo de todo el Continente Americano. Naia viene a resolver una vieja polémica que se dio a partir de haberse evidenciado que las características fisonómicas entre los primeros pobladores de América y los modernos nativos americanos eran muy diferentes, lo que hizo suponer que los paleoamericanos y los modernos indoamericanos tenían una procedencia distinta. ¿Por qué ahora sí podemos afirmar que ya está resuelto el misterio del origen de los nativos americanos y que Naia es el eslabón perdido de América?

Los hallazgos de antropólogos previos a Naia nos habían hecho suponer que los paleoamericanos o paleoindios que son quienes llegaron a América hace más de 8,000 años, podían tener un origen diverso de los modernos americanos, ya que los paleoamericanos no tenían la nariz chata y su cráneo era estrecho y largo, características más parecidas a las de los africanos que a los asiáticos. Ante esta divergencia una corriente de antropólogos, entre ellos Jim Chatters (descubridor del Hombre de Kennewick de quien se llegó a decir que su cráneo parecía caucásico). Esta corriente sostuvo que el linaje de los nativos americanos no provenía sólo de Siberia, sino de otras migraciones –incluyendo Europa– y que podían haber llegado por la vía marítima, tanto por el Atlántico como por el Pacífico Sur. Hoy Chatters ha cambiado de opinión. En realidad, lo que faltaba era que un esqueleto más completo y de la antigüedad de Naia pudiese ser estudiado a la luz no solo de la antropología y la arqueología, sino de esa nueva disciplina que es la arqueogenética. El esqueleto de Naia es importante porque su ADN contiene la prueba científica de que tanto los nativos americanos como los paleoamericanos tienen ambos un origen asiático-siberiano. Además, estudios recientes practicados a los restos del niño Anzik encontrado en en 1968 en un entierro de la cultura Clovis de 12, 600 años de antigüedad (un esqueleto que podría ser un poco menos antiguo que Naia, pero mucho menos completo), vienen a complementar la idea de que sí hay relación genética entre los amerindios y los paleoamericanos. A partir de los estudios de ADN practicados al esqueleto humano de Hoyo negro, ahora se sabe que aunque no se parezcan los modernos nativos americanos y los paleoamericanos, ambos son  descendientes de los siberianos. Por ello, puede sostenerse que está Confirmado:  Naia de Tulum es el eslabón perdido de América que une a los paleoindios con los modernos amerindios.

Por otro lado, el ADN de Naia respalda la hipótesis de que hubo una sola migración asiática y que los amerindios tuvieron una evolución genética propia surgida en Beringia. La discusión sobre el origen de las poblaciones americanas es fascinante y nuestra Naia de Tulum  hallada en Hoyo Negro (HN) junto a restos de animales de la Era del Hielo, es un parteaguas en el debate de arqueólogos, antropólogos y arqueogenetistas sobre el origen de los nativos americanos. Por ello Naia y Hoyo Negro han merecido la atención de la Revista Science, una de las revistas científicas más prestigiadas del mundo y el apoyo en investigación por parte de National Geographic Society, Instituto Waitt, Archaeological Institute of America y National Science Foundation y se encuentran siendo estudiados en el Proyecto Arqueológico Subacuático Hoyo Negro coordinado por el INAH y coodirigido por Pilar Luna y James Chatters

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Naia Fue encontrada en una de las cavernas inundadas que están debajo del Ejido Jacinto Pat, hoy Municipio de Tulum por un equipo de tres espeleobuzos integrantes del Proyecto Espeleológico de Tulum (PET). Cabe destacar en que el descubrimiento no fue hecho en Yucatán como comúnmente se afirma, sino en Quintana Roo y que no se debió a exploradores, ni antropólogos o especialistas de institución oficial alguna, sino a tres valientes espeleobuzos que arriesgando su vida encontraron los fósiles y cuidaron del sitio hasta que el INAH pudiese realizar el trabajo arqueológico pertinente. Ocurrió por casualidad, cuando estos aventurados exploradores realizaban los trabajos relacionados con el mapeo del sistema de ríos subterráneos de Sac Actun, el más extenso del mundo junto con el Ox Bel Ha, también quintanarroense. Sus descubridores Alberto Nava, Alex Álvarez y Franco Atollini nombraron “Hoyo Negro” al cenote de 57 m. de profundidad y 36 metros de ancho donde encontraron a Naia, a quien bautizaron inspirados en las náyades, las ninfas de la mitología griega dedicadas al cuidado de aguas dulces.

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El equipo de National Geographic se incorporó a la investigación para explorar y fotografiar Hoyo Negro. Aquí está Naia donde descansó intacta durante 13 milenios. Foto: Daniel Riordán Araujo/National Geographic

La hazaña es digna de una película de Indiana Jones. O más aún, pues entre los deportes extremos posiblemente el más peligroso sea espeleobuceo. En efecto, se requiere ser valiente para internarse en las cuevas inundadas de Quintana Roo, cavernas bellas, pero obscuras y extremadamente peligrosas que han cobrado la vida de experimentados buzos, entre los miles que se dan cita en la Riviera Maya cada año para explorar las profundidades de la red de ríos subterráneos de la Riviera Maya, Xibalbá para los mayas. Afortunadamente, la tecnología moderna ofrece recursos, si bien onerosos, pero que permiten realizar el tipo de exploraciones subacuáticas que anteriormente eran imposibles.

Hoyo Negro: Cápsula del tiempo y tesoro de la Era del Hielo.

Además de Naia, los buzos de PET encontraron 26 ejemplares de 11 especies de mamíferos, muchos ya extintos, entre ellos: tigre dientes de sable, mastodonte y oso perezoso, así como coatíes. Estos últimos, por cierto, son los mismos que todavía se pasean por Playacar. Hoyo Negro es un cenote que se comenzó a inundar hace unos 9,500 años debido al deshielo de los glaciares, propiamente en el Pleistoceno Tardío. Pasaron más de 12 mil años sin que nadie tocara ninguno de esos fósiles. Se cree que tanto Naia como los animales cuyos restos descansan todavía en Hoyo Negro cayeron en el cenote accidentalmente buscando agua, luego de caminar un túnel de 1200 metros, cuando todavía las cuevas estaban secas, ya que entonces el mar se encontraba unos 100 metros abajo del nivel que hoy tiene.  El hallazgo mantiene entusiasmado al mundo científico, ya que Hoyo Negro es una auténtica cápsula del tiempo que permite estudiar especímenes extintos de la Era del Hielo. Un tesoro que se ha conservado literalmente intacto al permanecer fuera del alcance de depredadores y saqueadores. En Hoyo Negro se han encontrado animales extintos, por lo que fue necesario recurrir a otra ciencia: la arequeozoologia. Un artículo de 2015 publicado por la Revista en Español National Geographic bajo la autoría de Erick Pinedo, nos informa que además del esqueleto humano, entre los animales extintos encontrados en Hoyo Negro hay un gonfoterio (Cuvieronius cf. Tropicus) -pariente del mastodonte cuyos restos datan de hace unos 40,000 años-, un tigre dientes de sable (Smilodon fatalis) y dos perezosos gigantes del tipo Shasta y Megalonychid. También se hallaron restos de puma, lince, coyote, tapir, puerco de monte, coatí, murciélago frugívoro y un oso del género Tremarctos, emparentado con los osos andinos.

Los espeleobuzos descubridores de Hoyo Negro mantuvieron celosamente en secreto su hallazgo durante dos años hasta que decidieron entregar la información al INAH. Como en México no contamos todavía con los recursos especializados suficientes en materia de espeleoarqueología, ni arqueogenética, el INAH tuvo que recurrir a la ayuda de instituciones y especialistas extranjeros, aunque la investigación la coordinó Pilar Luna Errequerena, Subdirectora de Arqueología Subacuática del INAH y participaron algunos de los espeleólogos que descubrieron Hoyo Negro, quienes tomaron los cursos necesarios para continuar participando en este fascinante proyecto.  La importancia del mismo y la seriedad con que se ha realizado ya mereció una publicación en Science, una de las revistas más prestigiadas del mundo dedicadas a la ciencia.

Entre muchos antropólogos había anidado la idea de que los primeros pobladores no sólo habían llegado a través de Beringia. El motivo fue que por sus características morfológicas, los esqueletos de paleoamericanos encontrados antes de Naia como es el caso del Hombre de Kennewick, no se parecían a los nativos americanos contemporáneos, ya que el cráneo era más largo y estrecho, las caras más pequeñas y la frente más prominente. Ello hizo suponer un grupo de investigadores que los modernos nativos americanos eran más parecidos a los africanos que a los asiáticos, por lo que surgió la hipótesis defendida por Jim Chatters, descubridor del Hombre de Kennewick (quien paradójicamente ahora es codirector del Proyecto Hoyo Negro) de que América no recibió sólo migraciones provenientes de Asia sino de África y hasta de Europa, de donde se estimaba llegaron por mar y no por tierra. Hoy Chatters ya cambió de opinión, lo que se puede constatar en el artículo de la Revista Science en el que patricipó, publicada en mayo de 2014. Nótese que en esta lista no está el Hombre de Kennewick, ya que este esqueleto no tiene una antigüedad mayor a 10,000 años.

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En esta tabla de Science se enlistan los restos más antiguos localizados en el Continente Americano cuyo ADN se ha estudiado y donde se reconoce que Naia es el esqueleto más antiguo y completo, conteniendo el tipo de ADN mitocondrial  D1 exclusivo de los amerindios. Se realizaron análisis de ADN mitocondrial, pruebas de Carbono 14 y Uranio/Torio sobre una muela de Naia. Tales estudios revelaron que se trata de una joven de origen asiático beringio, cuyo ADN mitocondrial es del tipo D, subhhaplogrupo D1, el cual deriva del linaje asiático pero que no ocurre ya en Asia, sino exclusivamente en las Americas. Lo que hace suponer a los científicos que se desarrolló en Beringia, estableciendo una divergencia respecto de otras poblaciones asiáticas, para luego esparcirse por todo el continente y llegar hasta Chile.

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Cortesia de Alex Álvares entrevistado por Will Schutt para Helix Magazine.

¿Quién vio primero a Naia?

Alex Álvarez relata que él fue quien descubrió el Hoyo Negro ya que estaba encargado de la avanzada para la colocación de la línea de vida, el cordón guía que se usa para la exploración subacuática. Alex fue el primero también en colocar su lámpara para iluminar los restos de Naia, luego de encontrar un hueso de mastodonte.

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Foto de Daniel Roldán Araujo/National Geographic

En conclusión, está Confirmado: Naia es el eslabón perdido de América. Es el esqueleto humano completo más antiguo, también el mejor estudiado del Continente Americano y es quintanarroense. Los estudios practicados de Carbono 14 y Uranio Torio permiten conocer que tiene hasta 12910 años. La conclusión es que además de otros como Anzik y Kennewick  en Norteamérica, Naia supera en antigüedad a los demás fósiles hallados hasta el momento en el área de Tulum como la Mujer de Naharon, la Mujer de las Palmas, el Joven Chan Hol y el Hombre del Templo, pero sobre todo, los restos de Naia están intactos y comprenden un esqueleto mucho más completo que los demás hallados en América.

Fuentes consultadas:

http://www.sciencemag.org/news/2014/05/watch-bones-watery-black-hole-confirm-first-american-origins

Entrevista a Alejandro Álvarez: https://helix.northwestern.edu/article/search-naia

http://www.inah.gob.mx/es/boletines/1129-extraen-esqueleto-de-10-mil-anos

Artículo NatGeo http://news.nationalgeographic.com/news/2014/05/140515-skeleton-ice-age-mexico-cave-hoyo-negro-archaeology/

http://public.wsu.edu/~bmkemp/publications/pubs/Chatters%20et%20al%202014.pdf

http://www.ngenespanol.com/ciencia/descubrimientos/15/01/9/naia-primera-mujer-hoyo-negro-investigacion/

Video: https://youtu.be/KxqkP99qviY

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Acerca de Rosa Maria de la Peña

Profile photo of Rosa Maria de la Peña
Doctora en Derecho por la UNAM. Profesora de Filosofía del Derecho, fundadora de las Cátedras de Ética Jurídica y Ética y Derechos Humanos en la Facultad de Derecho de la UNAM. Autora de libros de apoyo académico. Obras publicadas por UNAM, Porrúa Hnos, Gernika y otras editoriales. Ganadora del 1er lugar del III Premio de Ensayo en Filosofía Política convocado por la Revista Perfiles Liberales y Fundación Friedrich Naumann.
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