El nearshoring se presenta como una de las mayores oportunidades para el desarrollo económico de México en años recientes. Sin embargo, el éxito del país en capitalizar esta tendencia dependerá de varios factores, incluidos la infraestructura, la seguridad jurídica y la estabilidad regulatoria.
Desafíos estructurales y soluciones propuestas
EY, en su análisis del Segundo Informe de Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum, subrayó la importancia de superar ciertos retos para atraer inversión extranjera. Esto se refleja en iniciativas como el Plan México y los Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar, que buscan simplificar la regulación y agilizar procesos administrativos mediante una ventanilla única para la inversión.
No obstante, el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) ha señalado que los desafíos son significativos. Por ejemplo, la demanda energética requerida para alcanzar los objetivos del Plan México superaría las previsiones actuales en un 10.1 por ciento, lo que implica una necesidad de generar 11.9 gigawatts adicionales. Esto sugiere que será crucial acelerar las inversiones en generación y transmisión eléctricas para evitar que la disponibilidad de energía se convierta en un cuello de botella.
La perspectiva económica y el papel de la innovación
Ari Saks de EY México destacó que, aunque los aranceles estadounidenses han impactado varios sectores, el país sigue enfocándose en fortalecer sus capacidades productivas nacionales. El nearshoring requiere una coordinación robusta entre empresarios, el Gobierno, la sociedad y las universidades para potenciar la innovación y el talento.
Para facilitar la ampliación o reubicación de operaciones en México, se están desarrollando proyectos clave en áreas como energía, agua y vías de comunicación, incluyendo redes eléctricas, gasoductos, carreteras y puertos. Estas inversiones son esenciales para hacer de México un destino atractivo para la relocalización empresarial.
