El gobierno de México ha decidido condicionar la explotación de gas no convencional mediante fracking a la disponibilidad de agua salada en el subsuelo. Esta decisión fue comunicada por Claudia Sheinbaum, quien recibió las recomendaciones del comité científico encargado de evaluar la viabilidad de esta práctica.

Evaluación de agua salada

Según los especialistas, antes de llevar a cabo cualquier actividad de fractura hidráulica, es necesario asegurar la existencia de suficientes depósitos de agua salada. Esto implicará perforar pozos experimentales para determinar la cantidad y calidad del agua subterránea. El Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) será responsable de estos estudios.

Una de las recomendaciones clave del comité es evitar el uso de agua dulce, dada su importancia para el consumo humano, la agricultura y la ganadería. En lugar de ello, se propondrá el uso exclusivo de agua salada que no esté conectada a acuíferos de agua potable.

Prohibición en ciertas áreas y continuos estudios

En cuanto a la prohibición de extracción en ciertas áreas, el comité recomendó no realizar actividades de fracking en la Cuenca Tampico-Misantla, que abarca principalmente Veracruz y parte de Tamaulipas, por razones ambientales y sociales. Sheinbaum aseguró que su gobierno acatará esta recomendación.

Para otras cuencas, como Burgos en Tamaulipas y Sabinas-Burro Picachos en Coahuila y Nuevo León, se sugiere continuar los estudios para establecer la viabilidad técnica y ambiental del fracking. Además, se destacó la necesidad de realizar consultas previas con las comunidades locales antes de iniciar cualquier actividad.

La evaluación también enfatiza la urgencia de incrementar la producción de gas natural convencional y reducir la dependencia del gas importado. Actualmente, México importa el 75% de su consumo de gas, con un 93% proveniente de fracking en Estados Unidos.